lunes, 26 de febrero de 2007

El marido de Maria

Nubes y chimeneas

María está casada. De él decían que era un buen muchacho, con la carrera hecha y , los papeles bajo el brazo; serio, formal ,lo cuál en realidad significaba que, el muchacho había estado estudiando , habiendo aplazado por tanto la mili por entonces obligatoria, y que no había hecho apenas vida social pues no le gustaba nada, dada su timidez y, a que no encontraba demasiado interesante hacerlo; contaba con cuatro amigos, y ya era suficiente . Se hicieron novios, se casaron en una ceremonia discreta , demasiado discreta para lo que ella quería, pero impuesta por él, consecuente siempre con su deseo de contactar demasiado con la gente. Y ahí empezó su vida en común, o eso creía ella, pero se equivocó. Pasados veinte años, aún no ha conseguido hablar con él ; no , en la forma de lo que ella, y casi todo el resto de demás personas entienden por hablar ; ella habla y él no, no habla y no la escucha, y lo único que ella ha conseguido estos años es pasar por todas las etapas , desde el enfado , pasando por todos los estados de alteración posibles, hasta la resignación , y vuelta a empezar. ¿Por qué? , se pregunta aún María, ¿por qué no ha conseguido establecer una relación distinta, haciéndose miles de preguntas continuamente, porque ella acaba mil veces culpándose de la situación, pensando después que es cosa de él, y finalmente pensando que cometieron un error dos seres tan distintos, al pensar en estar juntos. Lo que ella quiere , lo que lleva ansiando desde el primer momento a ella no le parece que sea algo extraño, sino todo lo contrario; querría hablar con él, intercambiar opiniones, que expusieran argumentos, y todo lo que forma parte de un diálogo. Pero ésto no funciona con él; no es una persona que escuche a nadie apenas, sólo a sí mismo, y entonces ella siente que no cuenta en absoluto para él, que no la trata cómo a alguien a quién respetar y valorar, alguien con quien compartir todo, y ella se hunde cada vez más; cuándo hay un problema, ella lo expone, da sus razones, argumentos , ideas, lo que sea, y pasa lo de siempre; él se calla, no dice nada, y, deja pasar el tiempo sin solucionar el problema sea el que sea; pasados unos dias, y siempre igual, ella se harta de permanecer dias sin hablar puesto que es el único recurso que emplea a estas alturas, y vuelve a dirigirle la palabra, y el marido de María, imperturbable, le habla cómo si no hubiera pasado nada, continúa sin solucionar lo que sea que a ella le pareciera mal dias antes, y listo. Porque él nunca se queja de nada, nunca dice lo que le pasa ,si es que le pasa algo alguna vez, ni lo que piensa, nada nunca le cuenta nada. Y María ahí está , veinte años después , tan confusa casi cómo al principio, sintiendo que pasa la vida y que ella vive con alguien a quién no conoce , porque no se ha dejado conocer; que pasa la vida y que vive sóla ya que así se siente; que pasa la vida y ella no vive, pues a sus grandes virtudes él une el ser cada día más arisco ,hosco, y demás sinónimos, alguien a quién no le gusta nada de la vida, sólo estar en casa tras volver del trabajo, a la casa dónde sigue María desde hace tantos años pensando si tendrá valor algún dia para salir de esa casa y, vivir sóla, cómo , en realidad, vive ya todo ese tiempo.

3 comentarios:

Sara dijo...

¿Quién le escribía versos, dime quién era? ¿Quién le mandaba flores en primavera?

Me ha traído a la cabeza esa canción, qué triste estar 20 años con una persona y no poder llegar a ella.

Un beso

Mari Carmen dijo...

Podría contarte enciclopedias enteras sobre soledades, amiga. No sé si es algo que en realidad nos pasa a todos. No lo sé.

Un beso

luz de gas dijo...

Esa canción de Cecilia, se me vino continuamente a la mente, mientras escribia ésto, inevitable; si consigo encontrarla, la añado.
Soledades, necesarias muchas veces ,verdad, pero ,no en el momento en que suelen estar, otras. Un abrazo